Solía preocuparme seriamente este hábito de hablar en voz alta diciendo lo que iba a hacer; no era que me importase particularmente el tema si estaba sola, el problema se generó ante la necesidad de compartir piso con tres personas más y, además, hacerlo en cualquier sitio. La gente del barrio ya me conocía, no les molestaba escucharme con los años e incluso les ofrecía una ventaja proporcionando una cierta anticipación a mis movimientos.
Claro que en el cine era otra cosa. Y fue en ese lugar donde conocí a quien cambiaría mi vida por completo. Esta persona lleva una línea sexual y algunos de sus clientes tienen gustos exóticos.
Desde entonces, una vez cada quince días, atiendo llamadas en conferencia cuando me voy a hacer la cera; asimismo, el utilizar la pinza de depilar para hacerme el cavado, proporciona una singularidad poco usual que se paga mucho más. Se llama, este servicio: Crónica de una depilación anunciada. La semana que viene, para aumentar mis ingresos mensuales, atenderé llamados al cambiarme los tampax.
Me siento mejor conmigo misma, amplié mi grupo de amistades, bajé de peso, me veo más bella y volví a ir a discotecas. Sí.
Anoche estuve en una de Barcelona, muy nombrada y de gran prestigio social. DeeJays (diyeis o DJ en plural) de media galaxia saben que sin tocar allí no llegarán muy lejos en su profesión, así como que quienes logran un contrato en esa disco tienen el futuro asegurado. Tocaba uno mundialmente famoso y, aunque la cola para ingresar era infernal, pude pasar con facilidad.
Ni bien me acerqué a la pista me sacaron a bailar una chacarera. Yo de folclore argentino no sé nada, sin embargo abrí mi cartera y sacando un pañuelo de papel XXL salí a bailar. ¡Es que estoy tan bien conmigo misma que me animé hasta zamba y zapateé un malambo con mis tacos aguja de 12 centímetros!
Para redondear la idea, sumo una anécdota más: tengo muchos enamorados. Sí. En esto me ayudó un artículo de periodico sobre el estudio acerca del amor como calmante de dolores que encontré en la consulta del médico; tengo tanta suerte que ese día los 19 pacientes en la sala de espera lo habían leído y era yo la única mujer. ¡Se enamoraron apasionadamente de mí y los estoy ayudando!
¿Qué más decirte querida? SOY FELIZ.
A menudo un defecto, sentido como tal, resulta ser una virtud; decía el libro que estaba estudiando “una tal Estela”…

