Ayer y antes de ayer, papelitos de colores se llenaban de historia compartida; en cada naufragio un niño decía: yo te salvo. O por lo menos así recuerdo que empezaba esta historia:
Cuando las mañanas vuelven a ser las de siempre, las de cada día que recuerdas, te agarras con fuerza a todo aquello que te declara en el presente. Es entonces, y no antes, cuando cada paso que has dado cobra sentido y toma color de decisión, aunque hayan existido muchas veces en las que siquiera tomaste parte; son esas, y no otras, las que mostraron que, al fin de cuentas y por más que te moleste, hubieron momentos en los que necesitaste poner en otras manos tu vida. Es de agradecer el continuar, no sólo con vida sino con la fuerza que te dio cada paso que has dado.
Alguna vez hube de vender mis libros para poder comer; dijo sonriendo con tristeza. A esos libros no los firmaba yo, no eran textos míos. Sin embargo, agregó con un brillo diferente en la mirada, no pude con mi alma ¡y me aprendí de memoria las dedicatorias!
Atrás quedan aquellas cosas que eliges dejar atrás; acompañan tu camino aquellas cosas que deseas lo hagan. Del futuro NADIE SABE; por más planes que hagas nunca el 100% está asegurado… Y sonríes ante la gran lección que te dio la vida. Ya llegará el reír a carcajadas.
Dar vuelta la página y acusar más años de los que en verdad se tienen, por experiencias de vida. Festejar tal vez arrugas por venir; a menudo duelen las atriculaciones de las palabras; agregó. Sí; dolor de mandíbula de tanto, por fin, no pronunciarte. Se hizo claro el por qué de algunas elecciones; estábamos los tres: una pesadilla, un muñeco de peluche amarillo brillante y yo.
Conocí quien supo reconocer sus errores… ¡Qué sorpresa: sabía y quería repararlos! Me puse de pie, quité mi sombrero dorado y aplaudí. Sí; también grité BRAVO a viva voz.
Es evidente el crecimiento, o el cambio: ya no soy quien era ni quien super ser. Tampoco soy quien creí que sería hoy; ésto si alguna vez me lo he imaginado. Hoy quiero ser tan solo “un tal Luis”…
Gracias LUIS!!!


Hubo un tiempo en el que fui el Sr. Espada; luego me decía Don Francisco; pero hoy respondo por Paco, como me llamaba mi madre.
Esa es una presentación y síntesis; lo demás, tonterías