Hola querido lector; el siguiente post fue tipeado antes de final de año y dispuesto para ser publicado el día de hoy a esta hora. El motivo es que no estoy, ahora mismo, frente al ordenador y la intuición.
Hace algunos años escribí un cuento “para niños” donde se habla de los deseos de la cabeza y los deseos del corazón, en realidad de saber distinguirlos. Tiempo más tarde, aunque esas ideas permanecían como base y referente, descubrí otras cosas que te he ido compartiendo de maneras diferentes.
El transcurrir del tiempo tiene eso de irnos alimentando de experiencias nuevas, de oportunidades de crecimiento; tal vez de eso se trate el vivir: un continuo aprendizaje.
El 2011, entre otras cosas, me acercó a una visión de mundo conocida y diferente. Vale decir: sabía de su existencia aunque había pasado tiempo de no repensar. Llámese otros derroteros, llámese otras ocupaciones mentales, llámese no era el momento, llámese a gusto y placer. Lo importante (o interesante) para mí, es que estas experiencias reafirmaron una vez más rasgos de mi personalidad y preferencias de entorno para compartir la vida.
Y cuando digo compartir la vida, me refiero a eso; exactamente a entornos de intimidad.
Espero tu 2011 haya sido así de rico y de pleno, y lo espero de corazón (y sin llamar a cardiólogo alguno sabrás que es una metáfora trillada, pero los del campo somos así: de saber del trillar.)
Quise torcar algunas cosas en la continuidad de posts de mi diario, y lo he logrado. Espero no sea incómodo para ti, lector, y si de todas maneras lo es… puedas superarlo.
DesOrganizando a gusto y placer.
Un beso y un abrazo, seguimos compartiendo tiempo y este espacio. Anata Nakami a ti, que me lees.


Sigo esperándote cada día, Anata.