Hace una semana, o menos, le dije a alguien:
- Dime algo bello de tu vida
- ¿Algo bello?
- Sí, acabo de conocerte y quiero saber algo bello de tí
Me contó algo duro de atravesar y un poco triste.
- Mierda, dije; si eso es algo bello ¿qué respondes si te pido algo feo?
El hombre sonrió.
(de la vida real, by AnataNakami)
Desde hace muchos, pero muchos, años, tengo las sensación de fin de ciclo cuando un evento sucede. Nunca sé cuál será ese evento particular sólo que, cuando está ahí, lo reconozco. Ha de ser esa, entre otras, una de las causas por las que la vida no se me presenta ni como círculo ni como algo lineal; la entiendo más bien como un espiral de agua a distintos niveles. Sí, muy Clare Graves, pero bueno… es el que leí y se asemeja a mi percepción de mundo.
También suele sucederme el saber la fecha de vencimiento de ciertas cosas, y no me refiero a leer el ticket de productos adquiridos, sino más bien a situaciones de la vida real. Ingresar, por ejemplo, a un trabajo y saber que no estarás en ese sitio por mucho tiempo; o conocer a una persona y saber que un día no la verás más.
No son cosas, ambas expuestas, que puedan controlarse. Más bien a menudo es como una info adicional que llega, en forma de dato, y que tomo en cuenta.
Luego, luego están los fantasmas. Esas sombras de experiencias que nos (me) han dejado un sabor amargo aún en la boca. Y digo aún, porque de todo lo que se ha (o he) vivido se extrae el dulce jugo de un aprendizaje beneficioso.
Es allí donde los fantasmas se ponen a favor, o desaparecen para transformarse en parte de uno mismo (de mi). Hacer propio el valor de lo aprendido a través de un momento de dolor.
He notado, también, que dependiendo de la forma en que vea y hable de una experiencia mis emociones varían. Dice una amiga que es un paso necesario para aprender a controlarlas. ¿Será que las emociones se controlan o que uno aprende a posicionarse para poder vivir de mejor manera? Eso me pregunto ahora, ahora mismo mientras escribo esto que se parece a un diario personal.
El fin de este día lleva en sí el final de muchas cosas. El encuentro de muchas respuestas que, al fin, dejan espacio a nuevas preguntas, o preguntas mejores.
Juan Salvador Gaviota decía que hay que hacerse las mismas preguntas, por el propuestas, a lo largo de la vida y observar cómo cambian nuestras respuestas. Es una buena manera, si. Sin embargo ahora mismo, que no recuerdo aquellas propuestas por ese autor, me cuestiono las preguntas que me hago. Al mejor estilo de aprendiza de PNL (Programación Neuro Lingüística).
Me rasco la cabeza, suspiro profundamente, miro de reojo un té que me acompaña hoy, noto que no tengo deseos de encender un cigarrillo todavía, y me digo: si una de las cosas que te sacaron adelante fue preguntarte cómo seguir adelante, ¿cuál será la pregunta adecuada a mi presente?
Y no fue más que escribir eso, abrir esa puerta, para que las preguntas adecuadas aparecieran.
Te dejo, me voy a hablar conmigo misma un poco más; te mando un abrazo y un beso en la mejilla.
FOTO: Un día cualquiera, by AnataNakami



