Dice la sabiduría, actualmente popular, que cuando el alumno está preparado aparece el maestro. Abrirse a la capacidad de aprender a diario, de todo y de todos, suele ser una forma de vivir.
La memoria, esa amiga de toda la vida, me lleva cabalgando en un hipocampo bajo la lluvia. Hoy no es día de caballos, dice. Transito nuevamente aquella mañana en que limpiábamos las instalaciones del Centro de Psicología Transpersonal.
Despojados de la bata imaginaria que los acercaba a los pacientes y a los alumnos, Claudio y Zeke compartían sus historias personales con quien escribe. Aquellas historias de sus historias, que habían sido motivo de congoja en su momento, se transformaban con el tiempo y la experiencia en sus miradas; en la forma en que habían recogido un aprendizaje, en la manera nueva que esos tropiezos les habían mostrado el mundo.
Sonaba una canción, entonces, que para ellos era una especie de mantra compartido. Aquella mañana me incluyeron en ese baile saltado al compás de esta canción, que llamaron ‘ahuyentapenas’, y que les comparto… ¿Bailamos?
“… Pensar que la primera vez que escuché esta canción fue a través de una peli de Almodóvar, ¿será la magia del cine?. Será.”


