Hoy debería empezar a hacer otras cosas, sin embargo ha sido esta mi actividad más acuciante desde las entrañas. Tal vez sería justificarme, sin embargo noto que no es eso. ¿Existe algo más significativo que el saberse inepto para ciertas cosas?
Ella me ha llamado, desde un largo y extenso número que comienza como si fuera de móvil; apenas identifiqué la llamada supe que se trataba de una nueva propuesta de entrevista para empleo. Me preparé para ello, carraspeando mentalmente y limpiando la cabeza como si de un lavado cerebral se tratase.
- Alo, si… diga.
No me interesa, para nada. No me interesa estar en sitios donde mi mente se dispersa. Y menos en esos tiempos en donde siento esta liviandad generalizada en todo mi cuerpo. Que no se diga que no se sabe de qué hablo. Que se acepte y al fin se haga público el estado cuasi meditativo de la inspiración.
¿Con qué mente se encamina uno a lo sistemático cuando todo tu ser está vibrando una imagen? ¿Es que acaso aportará al fin de la entrevista el que exprese en voz alta esa sensación provocada por una imagen?
Manos callosas de la tierra que apuntan al cielo como en plegaria.
¿De qué disfrazarte cuando no hay atisbo de carnaval? Si, lo he intentado más de una vez. A eso también, y a llamar ‘diversificación’ a la sensación de despedazarme. ¿Dónde queda ese sitio para mí? No, no me interesa ser post mortem.
“Manos callosas de la tierra que se abren al cielo, como en plegaria” corrijo. Y recuerdo ese momento.


