Un niño descubre el sonido y comienza a jugar un nuevo juego. Tengo la dicha de poder observar sus gestos; y sonrío.
Mientras el humo forma a su capricho los dibujos en el aire, todo huele a futura tormenta. Han habido mensajes de lluvia, sin embargo hay quienes vaticinan viento y tierra. Ayer, o antes de ayer, la carcajada estrepitosa se abría paso entre los nombres que intentábamos leer, en idiomas que desconocemos. Nos resultaba divertido y, aún hoy, lo recordamos con una sonrisa.
Hay un rincón, desde el que te escribo hoy, lleno de instantes; estas dos paredes recrean momentos ‘clave’ de nuestras vidas. Detalles familiares que, enmarcados y bien dispuestos, sostienen lo que siempre nos ha unido: somos familia. Nunca falta la anécdota en este espacio de la casa de mis padres. Y se siente el manto tibio del cariño.
Es un buen sitio para empezar a escribirte hoy. Por más que, muy probablemente, mañana, o pasado mañana, mute. ¿Por qué? porque en este espacio que he dado en llamar: diario de una escritora, esta sensación que provocan esos instantes en estas 49 fotos (de momento) está transmitida en cada uno de mis post.
Te dejo. Sopla fuerte el viento; y dicen que dicen quienes saben del lenguaje del tiempo, que muy probablemente vengan maravillosos cambios. ¿Sabes? estoy durmiendo con mucha tranquilidad, además. Y tengo la certeza de que esta es una de esas tantas cosas que nadie puede quitarte, algo así como la paz interior, lo vivido y/o tus conocimientos.
Un beso y un abrazo,
Anata Nakami
PD: Una de mis sobrinas con su mejor amiga, me leen; también. Y se divierten.







