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Coraje

Hace poco menos de una semana, o tal vez más (o menos, ¡qué importa!), Andy tenía en su mensaje personal el siguiente: La suerte pertenece a aquellos que tienen coraje. Me impactó.

Tal vez fuere el simple hecho que, desde el vamos, tuve con Andy esa conexión especial, casi tácita. Tal vez fuere porque me la recomendó otra diseñadora gráfica (hablo de Ali) en quien supe depositar toda la confianza cuando era aquella famooosa asistente de vicepresidencia en Buenos Aires (Argentina, y NO; no es la capital de Brasil) y una de mis tareas era decidir quién hacía qué y por qué. O quizá fue el momento, y su adecuada forma HUMANA de tratar el negocio con la delicadeza cuando dije: quiero que me diseñen una web. Me refiero, claro, a esa premisa ganar-ganar con que cerramos un trato que nos benefició a ambas. Sin embargo, o pero, el asunto es que ella puso esa frase (y vaya uno a saber por qué motivos puntuales) y a mí me llegó. Como la lluvia de verano en la playa. Como un soplo de aire que huele a jacintos en la ruta. Como… como esas cosas que te llegan y no sólo a los sentidos; sino más bien (o casi) como al alma (o corazón).

Su frase, ahí apalabradita, toda en verdana 10, me ha venido dando vueltas en la cabeza. Y, si bien esto es una metáfora porque mi cabeza no es una batidora señores, la uso y la pensé.

¿Qué mierda es el coraje? ¿Qué es un acto heroico? ¿Eh?

Por esas cosas de la vida, y por decirlo de alguna manera, me tropiezo en el camino con una consigna de mes en un grupo al que pertenezco (hablo de Trazando Caminos). Y ¡vaya consigna!. Contar los motivos por los cuales uno se despierta en la mañana (o algo así, si quiere presición lea entrando al link, carajo no sea vago). Leí, escribí… Otra cosa que me dejó pensando.

Pucha, me dije en uno de esos momentos en que hablo conmigo y que ‘algunas amistades’ (hoy EX amistades por razones obvias) catalogaron de paranoia. Pucha, pucha, pucha (en realidad dije puta madre, pero no se ha de escribir eso, no no no, queda mal) Puta madre, decía; ¿y si es coraje despertarse en la mañana?

¿Y si es coraje cada acto cotidiano que vamos realizando en la vida y que, de alguna manera mística (o como quieras catalogar a esas cosas) se relaciona con lo que uno elige?

¿Y si resulta que al elegir uno no hace solo el acto del famoooso dejar algo de lado sino, mas bien, tiene el coraje de optar?

¿Y si…? Y, si.

… Iba a terminar este texto ahí mismo. Pero cambié de idea.

Coraje pueden ser muchas cosas, más cuando se tiene esto de ser HUMANO.

Una vez leí, porque también leo… Y MUCHO, que aquel que profesa carecer de miedos jamás puede ser llamado corajudo (o héroe, para los más pequeños que seguramente estarán leyendo este blog -sic-). Da un motivo interesante, o una fundamentación fuerte: es necesario una cuota de miedo (o temor) para que el coraje exista en la acción; si se carece de miedo (o temor) el acto sería realizado sin necesidad de otra cosa.

- ¡Joder!, me dije. Qué interesante.

Y acá estamos, a punto de enviar un sobre (el primero de dos) con ¡UN coRAje! en el amplio sentido Nakamiano de la palabra.

Antes de poner un punto final, y a manera de sugerencia bibliográfica, el recuerdo de un libro que me regaló Poli (si, Zenón) para un cumpleaños: La Sabiduría de la Inseguridad. Lo leí por entonces y desde entonces está en mi biblioteca, la que AUN se encuentra en Argentina. Modestita, pero propia. Paciencia… ya crecerá, como las flores.

- ¿Les mando un beso a todos?

- ¿QUÉ? esto no es una carta nena, es un diario online.

- Si, pero es visceral y sentido… me da por hacer eso.

- Bueno, dale… Total… Cuanto mucho dirán NUEVAMENTE que estás loca.

- Ok… voy:

¡UN BESO A TODOS LOS QUE ME LEEN!

(y así ella ejerció el coraje)

FIN

(de este, aclaro)

Me tocas

Me tocas.

La imaginación y la estética. Y la piel

en sus manos.

El olfato y la memoria. Al cobijo

de su abrazo.

La tarde y la aurora. Eres estrella

luna y neurona. Esbelta rara exótica

Y. Valiosa. A mis ojos.

Carina A. Acosta

FOTO: Aerangis Distincta, by John E. Erickson

- Pusiste una poesía en este diario íntimo.

- Síp. También la escribo en mis notas diarias.

- Estás aprendiendo cosas nuevas, veo.

- Sip. Espero eso continúe hasta mi muerte.

- Ojalá.

- Ojalá…

Tríptico

Hoy se me dio por retocar antiguas fotos. También.

Aprender en lo cotidiano

Dice la sabiduría, actualmente popular, que cuando el alumno está preparado aparece el maestro. Abrirse a la capacidad de aprender a diario, de todo y de todos, suele ser una forma de vivir.

La memoria, esa amiga de toda la vida, me lleva cabalgando en un hipocampo bajo la lluvia. Hoy no es día de caballos, dice. Transito nuevamente aquella mañana en que limpiábamos las instalaciones del Centro de Psicología Transpersonal.

Despojados de la bata imaginaria que los acercaba a los pacientes y a los alumnos, Claudio y Zeke compartían sus historias personales con quien escribe. Aquellas historias de sus historias, que habían sido motivo de congoja en su momento, se transformaban con el tiempo y la experiencia en sus miradas; en la forma en que habían recogido un aprendizaje, en la manera nueva que esos tropiezos les habían mostrado el mundo.

Sonaba una canción, entonces, que para ellos era una especie de mantra compartido. Aquella mañana me incluyeron en ese baile saltado al compás de esta canción, que llamaron ‘ahuyentapenas’, y que les comparto… ¿Bailamos?

“… Pensar que la primera vez que escuché esta canción fue a través de una peli de Almodóvar, ¿será la magia del cine?. Será.”

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