Abrir las puertas y dejar correr las energías (gracias Nora) me ha dejado la siesta escuchándome. Había ‘olvidado’ esa capacidad de prestar atención, también, a lo que digo cuando dialogo con otras personas; esta vez, además, me permitió entender los cuándo, los cómo, los dónde y los por qué de algunos semi-latiguillos que he utilizado. Y si digo semi-latiguillos es porque la instancia es mental y ahí, amigo lector, no tienes un acceso. Sería necesaria la lectura exhaustiva de los más de 1.000 amantes que me han acompañado (he conocido a quien nombra “amigos” a los libros, prefiero el llamarlos amantes dado que me los llevo a la cama)
Faltan pocos días, casi nada, para el momento. Y he de asumir la humanidad del miedo. Asimismo, la proximidad a situaciones que rememoran episodios frescos, fortalece de manera interesante el progreso en que elegí sumergirme: terapia profunda.
Cuando estudiaba en las aulas de la U.N.C. para la licenciatura en esa disciplina, estaba al tanto de los pre-juicios que conllevaba la carrera: los psicólogos están todos locos. Puede que alguno lo esté, clínicamente y diagnosticado, sin embargo compartí tanto aulas en Córdoba como en Buenos Aires, con seres humanos. Los cuales pueden tener sintomatologías que estudian, tal como el médico enferma de gripes en el más leve de los casos. Luego, la otra mitología (o rumor de barrio): ir a psicólogo es para locos. Puede que alguno lo esté, clínicamente diagnosticado, sin embargo compartí salas de espera y charlas, tanto en Córdoba como en Buenos Aires, con seres humanos. Hablo de prejuicios generalizados de hace más de 10 años en Argentina.
Hace un par de años, desde Inglaterra y por teléfono, una persona me compartía las tasas de suicidio en ese país; asimismo, me daba porcentajes de casos de depresión y llamaba (espero que en tono de broma) a la misma una ‘moda intelectual’. Acusaban de ello al clima, a la poca luz en algunos momentos del año. Lo comparábamos con países como Brasil, donde ella había vivido, y el espíritu festivo de ese pueblo a pesar de las muchas carencias económicas que ha vivido. Personalmente la siempre perpetua sonrisa de algunas personas de África me dio una sensación bastante similar: alegría de vivir independientemente de todo.
Me preguntaba acerca de las conversaciones de café de esos países nórdicos y oscuros, recuerdo, dado que son muchos años de preguntar ¿cómo te sentís? O ¿cómo estás? O ¿qué tal? En vez de ¿qué estás haciendo?. Parece una vanalidad pero el tono intimista de las conversaciones que abundan por estos lares que hoy disfruto, abre la puerta a sacar aquello que nos molesta en el tono que se esté sintiendo en ese momento. Pareciere que somos todos medio psicólogos por estas zonas, sin embargo ya lo dijo el compositor Charly García “filosofía barata y zapatos de goma, esa mentira te hace feliz”; o, dicho de mejor manera: es necesaria una formación para acceder a un diagnóstico, eso se estudia, es una carrera Universitaria y se pueden acceder, incluso, hasta a doctorados.
Hace un momento leía la revista, que probablemente sea último nº de momento, del ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Catalunya) y me quedó una frase acerca del pago de la copia privada: “una persona invierte dinero en adquirir una PC y su wifi, sin embargo el pago por las ideas aún está duro.” Creo que es de Rosa Montero, si mal no recuerdo, y tiene razón. ¿Por qué? Porque independientemente de que te guste o no, el trabajo de un creador, de un generador de ideas puestas en un papel, tiene un valor y un precio (CEDRO no está arrancando cabezas con los precios de las licencias, me llegan los balances, además) Sino, es probable que el conocimiento y la idea creativa, termine siendo un bien elitista dado que solamente los que leen, se forman, pueden generarlas con una cierta regularidad. Y las condiciones de nosotros, las personas que plasmamos las ideas en palabras que llegan a los otros, no siempre son agradables.
Hace algunos años, cuando caminaba los pasillos de las bibliotecas con una regularidad cuasi diaria (3 libros por día era mucho, lo sé, pero podía hacerlo y daba valor a acceder a libros que en casa no había para aprender y tomar notas que llamaban mi interés), existía la creencia de que era una pérdida de tiempo el leer, el pensar, ni hablar del escribir. Probablemente los filósofos griegos, por nombrar sólo la parte occidental de la cosa, estarían levemente ebrios de cicuta (todos y no sólo el conocido) ante tal afirmación. Tal vez sea necesario el recordar que todas las ciencias que se conocen, estudian y practican en la actualidad, parten de la filosofía y que, en parte, los avances de la humanidad en temas escenciales parten de esos estudios y conocimientos de las cosas en profundidad. Me da pavor el encontrar adolescentes desertores escolares cuando los padres en verdad desean proporcionarles una educación formal pues tienen posibilidades de hacerlo. Entiendo también que muchas personas, en otras condiciones y momentos históricos, han logrado un bienestar general partiendo de otro tipo de herramientas. Tal vez actualmente, la aridez de los caminos se asemeje, eso no implica el detrimento de la educación en nombre de las dificultades de los profesionales. Cada persona tiene más de un don, de una capacidad, y es agradable el que puedan explorarse y profundizarse aquellas de mayor interés para beneficio 1º de la persona y luego de la humanidad.
Sí, probablemente me debería cambiar de nombre a utópica, ¿verdad? Pero me atreví a soñar en voz alta con el doloroso conocimiento de tener pocas respuestas y, a menudo, cada vez menos personas con quien dialogar de algunos, estos, temas de mi interés intelectual sin que se tomen los conceptos como personales.
Un abrazo, querido lector. Como siempre: Anata Nakami.








