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Un post navideño inusual

Hoy es un día super-archi-plus-ultra caluroso, aquí en la ciudad que siempre era de elegir para vacacionar (hasta que la vida me mostró otros sitios del globo terráqueo, claro) y, dado que Amy Winehouse musicaliza esta siesta, me trae a la memoria una anécdota inglesa. Vale decir: algo que dicen que ocurrió en Ingalterra. Hace algunos años.

Dicen que una pintora contrató a hombres para masturbarse, dado que con el esperma (y pigmentos) pintó un cuadro de un X tamaño. La particular historia me fue contada por la mismísima pintora, al cuadro no lo ví; y mi inquietud SIEMPRE ha sido acerca del texto del aviso y el casting.

Si bien me gusta dibujar, he hecho algunos retratos muy sentidos en sanguina y un que otro esbozo de ilustración en bordes de libros y cuadernos de notas de la universidad (eso sin contar con una certificación ue me habilita en dibujo publicitario y caligrafía), no es lo mío. Pero el futuro no está totalmente plasmado, ni el destino, así que…¿quién te dice y en algún momento se lee un anuncio para un casting medio raro? Onda: No se quede solamente en la inseminación artificial, existe una veta para Ud en el arte. Gran casting de semen para pintura… O algo así.

De más está decir que esa historia ha dado pie a más de una broma en diferentes estados de ánimo, y con diferentes personas. Esa y la del hombre que comió una babosa en Brasil. Recolectar historias, o anécdotas, de mi entorno ha sido de mucho agrado siempre; suma. Algunas, por disparatadas, se fueron transformando en chistes con sello propio, otras en un monólogo que tal vez alguna vez vea la luz en algún sitio.

-         Bsbsbsbsb…

-         Sí, lo sé; ya va… gracias.

Mi asistente me indica que he de decir alguna cosa para estas navidades. Y he de remarcar el hecho de festejar un nacimiento.

Siendo las 19:36 en una parte del planeta y las 15:36 en Argentina, tanto lío para decir: hoy y ahora pienso eso, una idea de ese por qué.

Hay nacimientos esperados, improvisados, para ‘cambiar’ al otro, inesperados, no deseados, para realizar a los adultos, por mandato, etc. Sin embargo hay uno que por tradición, y vaya que el libro lo describe como bastante problemático entre Herodes y demases, por tradición (o religión) se festeja. Y no es poca cosa que se festeje un nacimiento. Que se puntualice el júbilo del nacer, y toooodo lo que eso significa.

Hace algunos años, la vida y el amor me dejaron compartiendo vida con una persona especial que, entre otras virtudes y defectos, tenía eso de ver muchas cosas de una particular manera; y la navidad no era una excepción. Más allá de la propia fe, decía algo como:

-         Para mí nochebuena es el 24 de febrero, dado que el 25 nací yo.

Tras una serie de pensamientos me dije: ¡vaya con el tío este!, con esa afirmación (por motivos propios) me hace replantear una tradición desde otro punto de vista: el festejo del nacimiento, ergo… el cumplir años sería conmemorar ese acto de nacer. ¡Fa!

Luego, el tener o no un instinto paternal es otra cosa.

¡Bon nadal!¡Merry Xtmas!¡Feliz navidad! Y, por supuesto: JO.JO.JO a tutti cuanti.

 

ANATA NAKAMI a tí que me has leído.

(para los que me preguntaron, estoy solucionando el tema del bookstore para pedidos de libros online)

Des.Calificar

Me preguntaba, tras una valiosa conversación en que participaron un amigo compositor, una amiga pintora y una amiga estudiante de maestra de grado, si el descalificar equivaldría a retirar una calificación, así simplemente. Claro está que el uso habitual de la palabra descalificar está asociado con el quitar los valores positivos de algo. ¿Y si se ve eso de otra manera?, me refiero puertas adentro.

Por ejemplo: Para ‘fulano’ el sencillo hecho de que otra persona no haga lo que dice implica ser inútil. Se siente des-calificado. ¿Y si eso fuera maravilloso pues el otro sencillamente toma eso como dato y hace a su manera? ¿Y si los demás tuvieran el derecho de ser como son con propias decisiones? Digo… A lo mejor me equivoco.

Otro ejemplo: Para ‘mengano’ el sencillo hecho de que otra persona logre algo que no ha logrado implica ser menos. Se siente des-calificado. ¿Y si eso fuera maravilloso pues indica que existe la posibilidad de los logros? ¿Y si los demás tuvieran el derecho de hacer posible lo que desean? Digo… A lo mejor me equivoco.

A menudo, quien escribe, se pregunta si estas cosas que me interesan le interesan a alguien más; si esta visión es en realidad importante para alguna persona, además de mí, por supuesto. ¿Y si eso en realidad no fuese más importante que el sencillo hecho de decirlo porque así me nace? ¿Y si cuando los demás necesitan comentar acerca de mis pensamientos fuese tomado sencillamente como la opinión del otro? ¿Y si eso fuera aliciente, venga como venga, que des-califica mi descalificación? Puff… a menudo, cuando aflora la filosofía me dejo ir. Y tras un periodo llega el inevitable centro propio.

¡Buenos días, pájaros que trinan desde las 4am!

Hay un hombre que cuando fue niño tenía miedo a la oscuridad al irse a dormir, hasta que cayó en la cuenta que en el otro lado del planeta era de día. Creo que eso pasa con los pájaros en mi ventana, además.

 Hay una mujer que asistió a un taller para acompañar a una amiga y hoy genera sus ingresos de esa manera, no acompañando a amigas a asisitir a talleres, sino haciendo arte de lo aprendido en ese taller que continúa: halló una vocación.

Hay una mujer que considera propio el poner un granito de arena para educar de una manera en que le gustó ser educada y que ya no se aplica tanto. O al menos ella no tiene noticias de que así sea en dónde ella fue educada: halló una intención.

Ayer, tres personas sostuvieron las manos de mi espíritu durante 3 horas de mate y charla. Ellas no estaban al tanto de lo mucho que aprendí de cada una y de lo que se gestó entre todos, sin embargo yo.

Ayer des-califiqué, hoy puse una nueva calificación. Y Kierkegaard1 me mira de reojo. ¿Des.calificar = Re.significar?

 1S. Kierkegaard escribió: Si me calificas, me niegas.

vIAJE DE mEMORIA II

Antetodo, presentarme: soy una mujer que escribe (entre otras cosas1) y no es el capslock, soy yo.

 

Ahora sí, la historia (es que esto del blog hace que una tenga en cuenta que el lector que acaba de encontrarse con esto no tiene la más puta idea de lo que está pasando… éste, el que lee esto ahora por vez primera, además, acaba de saber que no soy de esconder el lenguaje usual de las personas: un sacerdote re puteó cuando se martilló el dedo en la sacristía, y YO ESTABA AHI) ….

 

-         ¿En qué iba?

-         La historia…

-         Ah si… sigo fuera de los guiones de diálogo.

-         Ok

 

Por el año 98, mientras estaba en mi precioso departamento en Viamonte 333, Capital Federal, Buenos Aires (archi-conocido, por cierto… ¿?), recibía material de creación de personajes para el teatro. El culpable era Gabo Condron desde La Plata.

 

-         ¿El mismo que filmó Un Peso Un Dólar?

-         No sólo eso, además escribió el guión. Y tuve el placer de leer la 1º versión.

-         ¿De verdad?

-         Sí, era de papel, ¿me dejás seguir?

-         Bueno… no te enojes

-         Todavía no empecé a enojarme.

 

Total (dicen/mos en España) que estaba recibiendo esos maravillosos apuntes de Teatro que me inspiraron mucho y en varias cosas. Entre ellas el generar 5 (CINCO) perfiles diferentes en un sistema de chat y poner a mis personajes a ‘chatear’ para darles una cierta forma, y perfil.

Mi proyecto duraría un mes pero se acortó, Tamara, Paula, Genoveva, Ingrid y Victoria se afirmaron en una semana ‘casi’ sin hablar con nadie. Digo ‘casi’ porque UNA PERSONA chateó con todas ellas desde otro lugar de Buenos Aires.

 

-         ¿Una sola persona? Estaba al tanto del proyecto…

-         Nope, nop, no… no estaba al tanto de nada. Tch tch tch.

-         PobrecitE (no pongo A ni O porque no sé el género de la persona)

-         O… pobrecito

-         ¡Oh no!

-         Oh si… lo hizo, y fue un maestro dado que dio en la tecla de la problemática de cada una de ellas en una semana, UNA SOLA.

-         Y este texto es por las dudas lo lea, así como un mea culpa…

-         Vos no me conocés un carajo, pareciere o pareciese. ¡Yo misma se lo conté!.

-         ¡¿Cómo?!

-         Sencillamente le expliqué de que iba la cosa, y cuando me pareció que no entendía le envié en 10’ lo mismo desde cada uno de los perfiles del proyecto y al fin lo entendió.

-         ¿Por qué? ¿Para qué? ¿No hubiera sido mejor que lo ignorara y sencillamente no las encontrara nunca más por la red?

-         Pueeees, lo pensé. Pero me pareció tan interesante la coincidencia que lo merecía, eso sin contar con que lo invité a un café para dar la cara por lo que había sucedido.

-         ¿Y?

-         Nunca apareció, lo entiendo en parte…. jajjajaj Pero tal como le expliqué, él es el personaje masculino de la historia de esas 5 mujeres que ya han cambiado de nombre pero no de perfil en mi texto.

-         Fa…

-         Sol, la y sí.

 

Todo esto viene a cuento por cosas que pasan en la vida cotidiana y mi reencuentro con algunos textos de otra época.

 

Ahora es momento de tomar un café. No es que no tome mate, no, para nadísima, pero es que son las 9:23 de la mañana y dormí tan solo una hora.

 

-         ¿Por qué? ¿mucho ruido en el vecindario?… O ‘alguien’ no te dejó dormir ;-)

-         ¡Qué cosa indecorosa tu pregunta! ¡AtrevidE! Te lo cuento en otro post :-p

 

(¿Si dentro del lenguaje usual actual se encuentran los emoticones, será un atentado a la literatura su uso en un texto? N.de la A.)

 

-         cortázar escribía con minúsculas todo, nena… Y a vos se te dio en una época por poner fechas totalmente en letras, ahora metés números y en vez de signos de exclamación, para denotar un énfasis en el tono de voz, mayusculizas TODO… y los laaaaaaargos también. ¿Qué te hací caaabeza? (N. Del personaje de la A.)

-         ok… ‘ta bom *¡glup!*

 

Buen día querido lector, hoy me ‘desperté’ de buen humor y como no podría ser de otra manera: te lo comparto.

 

Estoy leyendo mucho por estos días, no sólo mis viejas notas sino literatura recomendada y material de cátedra de dos disciplinas; y algo de física cuántica porque me apasiona.

 

-         ¡¡¿¿Física CUANTICA??!! ¿Vos estás re-loca?

-         ¡Ay mi dios! Dos preguntas en una, ¡me mareo! ¿cuál respondo?

 

(risas… no… carcajadas, algo así como un LOL, eso! Dos LOLeando, con perdón de la palabra)

 

FUNDE A EXTERIOR, DÍA NUBLADO  ß– acotación, muy visto en

 guiones.

 

1 eso de entre otras cosas se refiere a mis actividades, y no a que soy otras cosas además de una mujer, no te vayas a creer que soy un mono entrenado… bueh, ¿y quién soy yo para decirte a vos qué creer? Prefiero una cebra, dado que no tienen úlcera; dicen.

Viaje de memoria

Como todavía no ha llegado este verano a su punto para que me tienda desnuda al sol, probablemente entre las piedras a la orilla de los ríos que exploran el follaje de estas sierras, y hay una lluvia constante (y, ¿por qué no decirlo?, esperada por el lago artificial y las alertas rojas) que invita al regocijo del leer, aparecen esas extrañas sensaciones placenteras que, inevitablemente, desencadenan estas notas en este blog: do-re-mi-fa-sol la-si.

 

Hemingway supo describir acerca del escribir relatos, hablaba de lo mismo que siento cuando me siento frente a este portátil: el ‘dejarse llevar’. Vivimos, Ernest y yo, diferentes momentos históricos; somos, Ernest y yo, de personalidades diferentes a pesar de haber nacido en aries con un día, y varios años, de diferencia. Coincidimos, Ernest y yo, en ese detalle del cómo con el que sé que se nace (aunque puede que se haga) y bendigo este don.

 

Transcurren días de sopesar emociones, de observar y escuchar, de conversar y escucharme. La llegada del fin de año habla de balances, algo que es propio de empresas y de algunas personas. La vida sigue acercándome seres valiosos que me comparten historia y tiempo, momentos que atesoro y sonrío, invitando a continuar.

 

La memoria, esa dama vestida de experiencias vividas y tiempo, acerca cada tanto una banqueta elegante y se sienta a mi lado. Susurra a mi oído mientras releo viejos cuadernos, con fechas tan insólitas como ciertas: escribo desde hace muchos años, me da placer hacerlo y me sucede como el respirar.

-         Ha nacido contigo, es innato; dijo la voz de un gran amigo que sabe ser crítico férreo a menudo.

-         Puede ser, sin embargo el ponerlo en escena y trabajarlo ha sido una decisión consciente; aseguro.

-         ¿Acaso creés que podías hacer otra cosa?; interroga sondeándome con la mirada invitando a reflexionar.

Dentro mío se abre paso ese silencio con el que sopeso las palabras cuando los amigos hablan un lenguaje que conozco y del que aprendo. Silencio de redonda, de blanca, de negra, de corchea, de semicorchea, de fusa y de semifusa.

 

Y hablando de aprender, la historia de una mujer que aprendió un poco más acerca de sí misma en un restaurante italiano en Niort, Francia, el 29 de marzo de 2009:

 

“Después de un largo derrotero, en que se unen mil preguntas, una mujer descalza sus zapatos de cuero rojo. Los mismos con que caminaba en la nieve el pasado invierno, cuando llevaba un hijo en su vientre.

 

El verano está por llegar en este asomo de primavera, y parecería que, con los nuevos soles, el clima de un país diferente le ha inundado el alma. Ya no quiere lo que antes imaginaba. Ha leído un viejo libro que la acerca a su presente de una manera nueva, y un aforsimo le ha inundado la memoria: Han dejado de engañarte, y sufres como si hubieran dejado de quererte. Porchia.

 

Hace unos días tuvo una cena, durante la cual encontró nuevamente a una persona que hacía tiempo no veía: ella misma. Estaba en un restaurante cenando con él, quien volvía a tomar su mano para decirle las mismas cosas de siempre: no sé lo que quiero, te amo, soy un inmaduro; pero no con estas palabras.

 

Ella, que escuchó cada detalle de lo dicho y lo no dicho, dejó sencillamente que sus labios hablaran, que su ser entero sopesara cada palabra. Miró las reacciones sin reaccionar ante ellas, sencillamente se dejó ser, como hacía 20 años no lo hacía (o menos).

 

Esa noche tuvieron sexo, y por segunda vez ella sintió que ya no lo sentía. Tal vez sea el olor a vino rancio con que me saludó en la entrada, se dijo; pero sabía que había algo más, sabía que él venía haciendo de todo para que ella lo dejara –lo supiera o no- y que ella lo hizo.”

 

 

La lluvia ha cesado, la ciudad despertó hace un par de horas con el bullicio de los escolares acercándose al centro de aprendizaje. Recuerdo cada detalle de mi adolescencia y una sonrisa bajo mis ojos brillantes habla del contento interior: la viví intensamente. Cada detalle de esa etapa de mi vida fue exprimido con alegría. No queda nada por vivir de esos momentos, cada paso ha sido degustado, cada experiencia necesaria fue vivenciada por entero demarcando la adultez. Llegarán nuevos momentos, eso es vida, y esto que siento es paz interior. Los mismos campos de eucalipto dentro de la memoria de mi espíritu siempre vivo.

 

Como si esto fuera poco, algunos textos esbozados durante un viaje que me dejó justo en la puerta de mi interior, me hablaron de Paula; y de todos ellos, que se cuecen para otras historias, te dejo disfrutando este recordándote que cualquier parecido con la irrealidad no es mera coincidencia, es mi creatividad.

 

“Una mujer sentada al piano me canta una canción de Edith Piaf. Su cabello pelirrojo me recordó a Paula, bien podría ser ella.

Tiene dos niñas, un hotel llamado la Marmota con habitaciones insonorizadas que la resguardan cuando es hembra y la protegen cuando es artista, y se sienta al piano, en uno de los cuartos principales de ese hotel del que es dueña.

Sus desayunos de mate acompañados de tourtisseaux (merci Karine et Morgane) hablan de las tradiciones que no ha perdido y de su tierra. Los libros profusos en la biblioteca, el tintero y la pluma, hablan de mi presencia.

Sigue teniendo la misma piel blanca y los mismos ojos brillantes, la menopausia ha asentado sus caderas pero no ha perdido la elegancia. Su mirada se ha dulcificado con madurez y sonríe auténticamente. Sí, es ella. Lo sé.

A menudo, cuando recorría diferentes sitios de España, la he buscado. Quise imaginar que había ido tras un seseoso con aire de gallito como Eduardo, pero me equivoqué. Tanto ella, como tal vez yo, estábamos necesitando nuevos aires.

Me pregunté quién era el hombre que firmaba por dentro el anillo de oro que relucía en su mano izquierda (la del corazón) contrastando con el negro de las teclas de ese piano, ella cantaba para mí cuando las dos niñas se acercaron. Fuera, y a la salida de un bar, un hermitaño hablaba de sus correrías de marino a un extranjero alemán.”

 

Lo firma Anata un 10 de febrero de 2009, en Niort.

 

Un beso y un abrazo, hasta la próxima querido lector. Y, como siempre: ANATA NAKAMI.

Klondike

Hay una suave brisa de cariño en el recorrer viejos sitios con el paso del tiempo, y los años. Se siente, si quieres, como abrazar a aquellas personas que has sido; reír con ellas y conocer un poco más de tí.

23 años atrás, solía llegar caminando bajo el ardiente sol del mediodía a este sitio. Con tan solo un bronceador y un libro. Hoy, me enconté con esa adolescente y hablamos un rato; la conocí mejor, la comprendí, y le prometí todo el afecto, apoyo y cuidados que, supe hoy, extrañaba de su abuelo.

Un brindis de mate por los audaces, aquellos que se animan a mirar su propia vida y actuar en consecuencia con lo que dicen!

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Nueva estación, nueva cabecera.

¡Gracias Poli por la anterior!

Un invierno

La mujer al borde del acantilado

Había una vez una mujer sentada al borde de un acantilado llorando, vivía en una pobreza tal que con su única cerilla malograda no podía calentar el biberón a su niño.

Salió de su casa y se sentó a llorar al borde de un acantilado, cerilla en mano; no se sabe a ciencia cierta cuánto tiempo pasó, si se sabe que, en algún momento, se preguntó repetidas veces ¿cómo salgo de esta situación?.

Otra mujer, que pasaba por allí de camino a la escuela con sus dos niños, al verla le preguntó:

 - ¿Qué sucede?

Y la mujer al borde del acantilado levantó su rostro y le contó.

- ¿Vas a dejar que una cerilla te arruine el día? Levántate, lávate la cara y sigue adelante.

Y en verdad te digo que, si bien esta es una historia entre mujeres, pudo y puede suceder entre dos hombres, también.

¿Quieres saber más de esta historia? ¿De dónde ha salido o cómo la sé?

Fue la mujer que alguna vez en su vida fue la mujer sentada al borde del acantilado quien me la contó; y es por eso mismo que esta historia tiene una relevancia. Si hubiese sido la otra mujer, no sería menos relevante, es claro, sin embargo estaría tal vez teñida de la vanidad del ayudar.

Una mañana, que podría haber sido esta mañana, salí de mi casa buscando dialogar. No había pasado una buena noche, había soñado con perros salvajes queriéndome dañar, pero encontrando mis gruesas mangas, y me había despertado sobresaltada.

Como desde hace algún tiempo venía intentando descifrar algunas cosas en mi vida, estaba necesitando una buena comunicación, un diálogo que me nutriera de una manera especial. Y las dos entrevistas que tenía con dos personas se pospusieron, y con ello se pospuso un desgaste de energía que no tenía, casi, ya.

Entré visiblemente nerviosa a un comercio de la localidad, al que suelo acudir usualmente en mi día a día; se dio la buena conversación y, adentradas en el diálogo, surgió la historia personal.

¡Grande fue mi sorpresa al escuchar ese recorte de diálogo!

La mujer que se había sentado al borde de un acantilado a llorar, hoy propietaria de un negocio boyante, habló de sí con sencillez; y su historia personal, avalada por la sincera necesidad de aportar un poco de lo mucho que ese momento significó en su propia vida, acompaña este relato de superación personal.

Yo hacía 1 semana que no escribía y se lo hice saber, a menudo el ahorro de energía pasa por cesar sencillamente; le hablé de mis sueños y de mis metas sin presiones ni preguntas, sencillamente compartiendo historia de vida.

 Cuando regresé a casa tuve varios intentos: intenté dormir, intenté leer para prestarle un libro del que hablamos, intenté limpiar la casa, intenté llorar, intenté culpar y culparme; intenté muchas cosas, como decía hasta que dí con mi verdad desnuda y me senté a escribir este texto que, espero, te haya gustado y llegado de verdad.

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